Creciendo en la adversidad

La Casa Internacional de Diseño y Moda, Cidma, una empresa que nació hace diez años en una habitación de cuatro metros cuadrados, en un barrio del occidente de Bogotá, Colombia, creció en 200% en los últimos tres años, aun en medio de una de las crisis económicas más agudas en la historia de Colombia.

Cidma se encuentra en pleno desarrollo. De 400 millones de pesos colombianos que facturó en 1997, (equivalentes a US $ 309.220) en ropa para dama y caballero, pasó a 2 mil 200 millones de pesos colombianos (US$1,174.000) en 1999 y aspira a triplicar esa cifra a mediano plazo con los proyectos de almacenes de cadena y de exportaciones que ya están en marcha.

Los secretos que le permitieron este comportamiento a Cidma los cuenta Manuel González Jiménez, gerente general y principal gestor de esta empresa:

  1. A pesar de que la mayor parte de las empresas colombianas habían congelado sus nóminas o las habían reducido, Cidma decidió invertir en la contratación de personal calificado para que dirigiera la parte operativa. Esto les permitió a Manuel González y Martha Contreras, cabezas de la empresa, dedicarse por completo a las relaciones comerciales y a trazar nuevos planes para superar el difícil momento que ya se les venía encima.
  2. González Jiménez y sus socios concluyeron que el mercado que tenían, surtiendo boutiques de Bogotá, se resentiría con la crisis. La decisión más importante fue dedicarle la mayor parte de los esfuerzos a un mercado que ya habían explorado: uniformes tipo ejecutivo para grandes empresas, especialmente del sector financiero.
  3. Buscaron nuevas posibilidades y además empezaron a participar en licitaciones para vender sobrantes, abrieron la venta directa de saldos y empezaron a asistir a ferias para liquidar inventarios. La idea era tener inventarios en cero y así darle mayor flujo a la empresa.
  4. A diferencia de otros empresarios, cuando a González Jiménez le contaban que la crisis obligó el cierre de otra empresa en el ramo de confecciones, él no pensaba que también cerraría, sino en quién iba a cubrir el mercado que dejará libre la empresa quebrada.
  5. Trabajaron día y noche puliendo sus estrategias de venta, ya que la crisis hizo más difícil el proceso de decisión que los clientes solían seguir.

Un Comienzo Difícil

Exportar era uno de los sueños de González Jiménez; un intrépido y visionario estudiante de Ingeniería Industrial y empleado de una empresa de confecciones, que decidió crear su propio negocio a los 27 años, cuando se dio cuenta de las perspectivas del mercado. Siempre quiso montar un negocio con sus hermanos, pero siempre pensaba que primero iba a ser profesional, ya que tenía el sueño de crear una gran empresa, pero eso demandaba mucho esfuerzo.

Con otros dos socios, alquiló una habitación en un barrio de clase media y allí, con moldes, trabajaban hasta la madrugada cortando prendas para llevarlas a talleres satélites, donde las armaban y cosían los vestidos. Su primera producción de faldas y blusas la vendieron entre familiares y amigos. Con el tiempo ellos mismos se encargaban de distribuir a pequeños almacenes, transportándose en autobuses de servicio público.

El negocio virtual (como ellos mismos lo llamaban, porque sólo contaba con un nombre sugestivo: Casa Internacional de Diseño y Moda) tuvo, durante el primer año, una producción mensual de entre diez y veinte prendas. Dormía dos o tres horas en un sofá, se bañaba y salía a trabajar a las siete, sin desayunar. Estudiaba por la noche, hasta las diez, y a esa hora se iba al taller a cortar las prendas a mano, ya que no tenían ni siquiera una máquina de cortar.

En varias ocasiones estuvieron a punto de darse por vencidos. Sin embargo, nunca perdieron la visión de lo que querían conseguir. En ese momento fue fundamental el apoyo de los socios, Martha y Orlando. Las dificultades eran impresionantes, pero todos trabajaban, ayudando a cortar, a hacer paquetes, a limpiar, a hacer facturas, etc.

Los tres socios eran obsesivos con la calidad del producto y eso se reflejó en un aumento de los pedidos. Para el segundo año, la producción mensual subió a ochenta prendas, lo que los obligó a buscar un espacio más grande. También adquirieron a crédito tres máquinas industriales y armaron un taller con seis empleados.

Desde aquellos tiempos, Manuel González Jiménez y sus socios han vencido varias crisis, y cada vez que lo hacen, se consideran más sólidos. Desde hace cinco años, Cidma se instaló en un edificio de cuatro pisos del barrio Ricaurte, un sector industrial y comercial del occidente de la ciudad, a pocas cuadras del centro histórico.

Los propietarios de Cidma aconsejan dos claves para el éxito en época de crisis:

  1. Se debe ir un paso delante de la situación, de la competencia y de cada cosa que nos rodea, porque eso hace la diferencia.
  2. La fidelidad en cuanto a los clientes es fundamental. Una empresa que año tras año está cambiando de clientes, es una empresa susceptible a quebrar o salir del mercado, porque los clientes no se pueden tomar y dejar a diario, porque es el capital con el que uno trabaja.

A través de su visión y sus esfuerzos, estos emprendedores lograron el éxito en su empresa, a pesar de su corta experiencia, y de las difíciles condiciones económicas de su país. Un ejemplo a seguir!