¿Cómo Madurar una Idea de Negocio?

¿Cuántas veces no has escuchado a la gente decir “¡cómo no se me ocurrió a mí!”? En general, esto se debe a que se cree que pensar un negocio es cosa fácil; que sólo basta el ingenio, un planteamiento atractivo y vistoso. Sin embargo, las ideas de negocio son como el vino: requieren de una cuidadosa maduración para lograr la aceptación de los comensales y, por supuesto, un conocimiento de cómo se moldea el gusto del comensal.

Según los expertos consultados para esta nota, una idea de negocio se distingue porque aparece planteada como hipótesis. Y ésta esboza una posible solución que impactará la vida de las personas y, a largo plazo, la economía de un sector, región o país. Pero fundamentalmente, significa que alguien (gobiernos, empresas, consumidores) estará dispuesto a pagar por ella de modo consistente y constante. El resto de las ideas pueden tener igualmente un impacto, aunque no necesariamente lo traducen en dinero para crear más valor, empleos y mercado de forma recurrente.

En suma, una solución que sí es de negocio consiste en conocer una situación donde: a) se proyectan ciertas problemáticas; b) se reconocen ciertos elementos, agentes, recursos y soluciones vigentes –así como sus respectivos impactos– involucrados en una dinámica económica; c) se diseña un nuevo modo de superar las áreas de oportunidad no cubiertas aún –por medio de know-how, nuevos canales de distribución o venta, ciencias aplicadas, innovación en productos o servicios, optimización de procesos o incluso, dándole la vuelta a toda una industria desde su planteamiento tradicional–; y d) se monetizan dichas soluciones a favor de sus creadores e implementadores.

La eficacia de la idea, entendida como producto o servicio que el emprendedor desea ofrecer al mercado, se caracteriza por tomar en cuenta tendencias y tecnologías existentes para introducirse en un sector. Debemos partir de nosotros mismos. La solución que pretendemos ofrecer, debe ser congruente con nuestro estilo de vida y con la manera en la que éste va a incidir en un mercado concreto.

Es importante que al momento de formular una hipótesis como una solución, consideres qué tipo de idea piensas desarrollar. Existen fundamentalmente tres tipos de ideas de negocio:

1. Idea de alto impacto. Como su nombre lo indica, son aquellas ideas pensadas para generar cambios sociales o ambientales a gran escala y que eventualmente representan un factor clave en la macroeconomía de un país o, incluso, a escala mundial.

2. Idea de producto. Son esas ideas donde lo que piensas fabricar es una solución práctica para el consumidor, que no siempre coincide con el usuario final ideal. Aquí, los productos se caracterizan por ser únicos en su clase y, aunque repetibles, difíciles de igualar en la anticipación a una problemática.

3. Idea de servicio. El valor agregado de este tipo de ideas se centra en dar una asistencia y atención directa a un problema, mediante metodologías específicas aplicables por el factor humano o bien, por medio de tecnologías inteligentes. Generalmente se incluyen en sectores como el de la salud, la banca, el agrícola, legal, etc. Este tipo de ideas son valiosas porque, sin llegar a ser de alto impacto, generan valores como el de comunidad”.

Reconocer de dónde nace la idea y hacia dónde se dirige es fundamental para determinar los beneficios que conseguirán tanto tú (emprendedor) como el sector de la comunidad (mercado objetivo) para la cual debiera estar destinada. Toda idea de negocio está madura en la medida en que se tienen claros 1.- el punto de partida y 2.- el usuario final, para que este último, en determinado momento, se encuentre dispuesto a retribuir por el producto o servicio otorgado.